
¡Aquí está de nuevo!
Esta receta es tradicional en mi familia paterna. Cuando llega la época al final del otoño, comienza a elaborarse pues requiere su tiempo; así, se van almacenando las provisiones para las próximas fiestas navideñas.
Quiero dedicársela a mi tía Rosario, hermana de mi padre, Amador. Ella fue la encargada de transmitirla a nuestra generación. Lo hemos disfrutado siempre, con moderación, en muchas sobremesas acompañado de
ricos roscos o cuajados
típicos de Doña Mencía.
Luego, al despedirnos, nos volvíamos a casa cada familia con su botella.
¡Mi tía preparaba hasta para repartir!
Lo que ahora me pasa a mí...la tradición es la tradición y eso no se cambia.
Es estrictamente para adultos. Los aprendices de cocina, menores de edad, deben abstenerse de hacerla...o probarla.
Las proporciones son aproximadas, en el gusto está la medida.
Nota: no he probado a hacerlo con café descafeinado pero creo que no estaría nada mal, quizás habría que añadir más café...descafeinado.
¡Feliz sobremesa!