Esta receta es de las primeras que aprendí de mi madre, la tengo apuntada en una libretita desde hace más de 20 años y la hemos hecho muchas veces, es fácil, aunque algo entretenida, pero es perfecta para hacer con niños en una tarde de fin de semana, sobre todo estos días que el tiempo hace que apetezca quedarse en casa.
En esta ocasión, la hemos hecho con Azúcar de abedul, pero la receta es la misma si se usa azúcar blanquilla( aunque menos sana y con un índice glucémico mucho más alto), y salen igual de buenas con las dos.
Ingredientes:
4 cucharadas de aceite
4 cucharadas de azúcar de abedul, unos 60 gramos : 3 raciones de H.C.
1 cucharada de agua
1 cucharada de zumo de limón
1 cucharadita de levadura
2 huevos
Ralladura y piel de 1 limón.
Harina, la que pida( esta vez hemos puesto 320 gramos) : 16 raciones de HC
Aceite para freír( yo he puesto de oliva virgen)
Azúcar para espolvorear, unos 20 gramos : 1 ración de HC
Lo primero que hacemos es freír las 4 cucharadas de aceite, con la piel de medio limón, sin llegarlo a quemar y lo dejamos enfriar.
En un bol, batimos los huevos con el azúcar de abedul, el agua, el zumo de limón y la ralladura y por último añadimos el aceite, una vez mezclado bien añadimos la harina con la levadura, poco a poco, con una cuchara de madera, hasta que la masa sea maleable y podamos dar forma (que no se pegue en las manos), pero con cuidado de no pasarse porque si no se quedan duros y algo resecos.
Cogemos un poco de masa, del tamaño de una bola de ping pong, lo estiramos como un bastoncillo y montamos una punta sobre la otra, haciendo la forma del rosquillo, lo vamos poniendo sobre un plato con un poco de harina para que no se peguen.





Son perfectos con un café o un chocolate calentito….