
Si existe una palabra que defina a la perfección las fiestas navideñas, ésa es exceso. Exceso de decoración, exceso de comida, exceso de bebida, exceso de consumo. Afortunadamente ésta también es la época de la solidaridad y, en este sentido, no está de más pasarnos de la raya. El comercio justo nos ofrece la posibilidad de echar una mano a los países más desfavorecidos y disfrutar de productos de calidad excepcional y a un precio asequible. Además de artículos textiles y artesanía, podemos incorporar todo tipo de alimentos a nuestra mesa, y más en esta época en la que la cocina adquiere un protagonismo muy especial.
Al contrario de lo que se suele creer, el comercio justo está muy lejos de ser una actividad comercial minoritaria. Su volumen de negocio va en aumento, no sólo por el apoyo de consumidores solidarios, sino también porque se ofrecen cada vez más productos de calidad a precios realmente competitivos. Por ejemplo, el café: según la ONG Solidaridad Internacional, en Holanda o Suiza ya representa un 5% de las ventas totales de café. También son un reclamo importante alimentos como el cacao, los cereales, las infusiones y las especias. Sin embargo, el catálogo es cada vez más amplio: desde pastas, frutos secos, patatas, conservas y miel hasta vinos y refrescos, pasando por todo tipo de alimentos procesados típicos del hemisferio sur. El protagonismo, efectivamente, está en los países en vías de desarrollo de África, Iberoamérica y Asia.

Miles de organizaciones sin ánimo de lucro trabajan para acabar con esas barreras, no sólo desde el punto de vista de la organización del trabajo comercial, sino también en el terreno de la concienciación, sensibilización y cooperación. La coordinación entre todas ellas viene de mano de organismos como la EFTA (European Fair Trade Association, a nivel europeo) o la IFAT (International Fair Trade Association, a nivel mundial) u otras asociaciones internacionales y nacionales (como es el caso de España, la Coordinadora Estatal de Comercio Justo).

Eso sí, no hay que engañarse. El comercio justo es, ante todo, un negocio. Por eso, lo que pagamos al adquirir un alimento no es una limosna que va directamente al productor del sur: por un lado, cubrimos los gastos de transporte, impuestos o distribución (como lo haríamos con cualquier otro artículo), pero, por otro, tenemos la garantía de que estas comunidades pobres obtienen el dinero suficiente para que puedan subsistir y mejorar el nivel de vida de las personas que la forman.

Tanto si son los lotes específicos de sabores (cafés, frutas, miel) como si nos decantamos por los packs más variados donde se hace una cuidada selección respecto al origen de los productos (existen cestas de América, Asia y África), se trata de un regalo lleno de buena voluntad en estas fechas. Mermelada de Ecuador y Kenia, tes de Sri Lanka, arroz aromático del Himalaya, cacao de Bolivia, anacardos de Brasil, café de Chiapas y Tanzania¿ Un paseo exótico por los lugares más recónditos del mundo que nos permitirá disfrutar de sabores únicos y también de la satisfacción de que, por poco más dinero, estamos ayudando a comunidades que realmente lo necesitan.