Como estas últimas semanas las recetas van dedicadas a las próximas fiestas, no podía faltar una receta de carne. Lo bueno de esta receta es que puedes hacer la salsa con antelación, incluso el día antes, de manera que es perfecta para organizarte bien esos días que vamos a estar a tope en la cocina para que la cosa sea más llevadera.
Para que una salsa de vino esté de muerte lo más importante es acertar con el vino tinto. No estoy diciendo que te dejes un riñón comprándolo, eso dependerá del gusto y del presupuesto, solo quiero decir que notarás una gran diferencia entre hacer la salsa con un vino de cocina o uno un poquito mejor. Además esta salsa lleva frutos rojos que le aportan un sabor diferente a la clásica reducción de vino y hay que conseguir equilibrar los sabores, sobre todo el punto de azúcar. Pero lo más importante es hacerla con calma, tiene que reducir el tiempo necesario para conseguir una consistencia un poco melosa, y dependiendo del fuego puede llevar más o menos una hora, o incluso más. Por eso si andas con el tiempo justo merece la pena hacerla el día anterior.
En cuanto al solomillo he optado por sellarlo primero en la sartén y terminarlo en el horno, así queda tierno y jugoso que da gloria. El solomillo que he cocinado era bastante grande pero aunque hicieras dos o tres solomillos la cantidad de salsa obtenida es más que suficiente.

Enciende el horno a 180ºC para que se vaya calentando.
7. Lo sacamos del horno, lo dejamos reposar unos minutos y procedemos a cortarlo como queramos, en trozos más o menos gruesos.
Lo servimos con un poco de salsita (bien caliente) y el resto lo dejamos en una salsera para que cada uno la añada a su gusto.
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