Sopa improvisada


Uno de los aspectos de la cocina (del cocinar, digamos) que a mí más me fascinan es la posibilidad de dejarse llevar por la imaginación: improvisar con lo que se tenga en la nevera-despensa y a ver qué pasa. Claro que es un juego peligroso este, porque como dicen los informáticos, cuando no saben qué pasará con los datos que manejan, los resultados pueden ser impredecibles. Pero si se tiene un poco de cuidado y no se dedica uno a imitar a, pongamos, Ferran Adrià, si no se juntan lechugas con melocotones en almíbar (... aunque quién sabe, ¿verdad?) entonces se puede uno llevar muy agradables sorpresas. Como esta sopa totalmente improvisada cuando intentaba yo convencer a mi muy querido amigo Joanmanel, una especie de Mafalda con barba, (digo, por aquello del odio a la sopa) de que exagera al decir que la sopa es sólo agua con algo dentro. No estoy seguro de haber conseguido convencerle, porque me temo que el síndrome de Mafalda no tiene cura, pero el resultado del experimento fue más que satisfactorio, como aquí puede verse. Y sin tener que salir a comprar.

Ingredientes para cuatro personas

Dos cebollas

Cuatro tomates maduros

Ocho champiñones (o cuatro gírgolas grandes)

75 gr de picadillo de jamón

Dos dientes de ajo

Cuatro rebanadas de pan de pueblo

Dos huevos

Sal

Aceite de oliva

Dos hojas de laurel

Dos clavos de olor