Llega el momento en la cocina en que abres el frigorífico buscando nata y te encuentras con que se te ha acabado. O quizá estés intentando hacer una receta más ligera, o simplemente no la toleres bien. Sea cual sea tu situación, la realidad es que existen montones de alternativas que funcionan igual de bien —o incluso mejor— que el producto original en muchos platos.
No es solo una cuestión de emergencia. A veces, cambiar de ingrediente te abre puertas a sabores nuevos o texturas distintas que enriquecen tu cocina. Por eso merece la pena tener en mente otras opciones: desde productos lácteos hasta alternativas vegetales o incluso trucos con ingredientes que ya tienes en casa.
Te traemos un recorrido por las mejores formas de hacerlo, según el tipo de plato que estés preparando y lo que busques conseguir. Desde salsas cremosas hasta postres suculentos, aquí descubrirás que el final de la nata no tiene por qué ser el fin de tu receta.
Un recorrido práctico por las alternativas más versátiles y cómo adaptar cada una según lo que vayas a cocinar. Verás que algunas funcionan de maravilla en salsas, mientras que otras son imbatibles para postres.

Todo lo que necesitas saber sobre las proporciones correctas y qué esperar cuando cambies de producto. Te sorprenderá lo fácil que es adaptar una receta sin perder calidad.

Al final, cocinar es también experimentar. Ahora que conoces tus opciones, el próximo día que no tengas nata a mano no será un problema, sino una oportunidad para descubrir algo nuevo en tu cocina.