Albóndigas y pasta, es imposible que a alguien no le gusten. Juntos, se llevan perfectamente y son una garantía de éxito en la mesa para comensales de todas las edades.
INGREDIENTES
ELABORACIÓN
Preparamos la pasta de las albóndigas (mejor el día anterior) y la dejamos macerando en la nevera.
Formamos las albóndigas y reservamos.
Calentamos aceite en una cazuela grande y pochamos la cebolla y el ajo, que previamente hemos picado finos. Cuando empiece a colorear la cebolla, añadimos la guindilla (troceada o no, según lo queramos de picante) y damos unas vueltas a todo.
Pasamos las albóndigas por harina ligeramente y las añadimos al pochado con el fin de que se sellen y luego no se deshagan. Las vamos volteando suavemente, para que se sellen de una manera uniforme y las reservamos en un plato aparte.
Añadimos entonces el contenido del bote de tomate previamente escurrido y vamos partiendo los tomates con una cuchara de madera.
Si viéramos que hay mucho líquido, subimos un poco el fuego y destapamos para que evapore. Probamos y salpimentamos. Quizás haya que añadir azúcar para eliminar la acidez del tomate.
Reincorporamos las albóndigas y dejamos que, a fuego lento, se vaya cocinando todo.
Mientras se va haciendo la salsa, ponemos agua a calentar con abundante sal y, cuando comience a hervir, añadimos los tallarines y los cocemos un poco menos de "al dente" ya que se acabarán de hacer en la salsa.
Cuando esté la pasta cocida a nuestro gusto, la colamos y la incorporamos a la salsa. Espolvoreamos con albahaca y orégano y removemos con cuidado.
Pasamos todo a una fuente y espolvoreamos con queso parmesano rallado antes de servir.