
En el título os lo digo todo, un gran clásico en mi casa de siempre, uno de los platos estrella de mi madre. No digo el primero porque no sería justo para los otros platos deliciosos que prepara, pero sin duda está en el top. Una carne fantástica, de calidad, es el primero de los secretos (a voces) para que salga de lujo, y luego la mano... la de mi madre, que yo he intentado emular aquí y que, he de decir, se acerca mucho, mucho a la suya, aunque esté mal que yo lo diga, jeje. Este plato, que era y es famoso entre nuestros familiares y amigos cuando vienen a casa, un éxito seguro siempre, la famosa "carne con verduras" de mi mami, la sirve, como digo, con verduras rehogadas. Muchas: guisantes con jamón, judías verdes, espinacas, alcachofas, pimientos asados y patatas fritas. Doble mérito porque se pasaba, y se pasa, una eternidad en la cocina pelando alcachofas y judías para todos los que somos, muchos. Y bueno, al menos el esfuerzo siempre da recompensa porque ni una sola vez le ha salido por debajo del excelente. Una carne tierna, tierna, con un sabor delicioso, la guarnición de cebollitas que a mí me vuelve loca y las maravillosas verduras. Un plato completo, sano, sencillo y absolutamente delicioso! Gracias mamá! :)
INGREDIENTES
PREPARACIÓN
- Empezamos poniendo un poso de sal a la carne y rebozándola con mostaza. Esto dará un sabor fantástico a la carne, ya veréis!
- Ponemos un chorrito de aceite en el fondo de una bandeja, colocamos la carne y le echamos otro chorro de aceite por encima y la metemos al horno precalentado a 200ºC para dorarla.
- Mientras tanto, pochamos las cebollas cortadas en rodajas (si son las francesas pequeñitas, en rodajas no muy finas, las cortamos por la mitad o en tres trozos nada más) en una sartén con un poco de aceite.
- Cuando estén listas las cebollas y la carne dorada, bajamos el horno a 180º C, echamos las cebollas en la bandeja con la carne y vino blanco a discreción y horneamos.
- Cuando la carne esté lista, la sacamos a la mesa, cortamos en rodajas del grosor que nos convenga y servimos. Para ser mi primera vez, quedé muy contenta con el resultado. Aún me queda para llegar al nivel de mi madre, pero quedó muy rica, rosadita y tierna. Para mi gusto, por ponerle un "pero", habría quedado mejor algo más crudita, solo un poco más, porque como os digo, al cortarla y sacarla a la mesa, sigue haciéndose con el calor de la bandeja. Aún así estaba divina.
La acompañamos con las verduras (en mi caso todo muy limitado y congelado, ya que aquí no es nada fácil encontrar esos productos frescos. Pero bueno, hicieron el apaño), patatas y pimientos asados y nos quedó un auténtico banquete en la mesa. Rico, rico... como si estuviera en casa :)
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