No soy yo mucho de tomar infusiones, no os voy a mentir. Creo que es una cosa que viene de cuando de pequeña tenía dolor de tripa y mi abuela me atiborraba de manzanilla y poleo-menta.
Todavía tengo el sabor de esas infusiones cruzado. Esto creo que no es la primera vez que os lo cuento, pero es que es trauma real.
La cosa es que, las infusiones con agua no, pero amigos, cuando se trata del chai latte, la cosa cambia. Ya preparé en un día unos cupcakes de chai latte, y están deliciosos, pero creo que la versión tarta lo supera.
El bizcocho húmedo y la crema taaaan esponjosa la hace irresistible. Probadla, de verdad, no os arrepentiréis.
Infusionamos la leche con el chai, reservamos.
Mezclamos la harina, el azúcar y la sal en un cazo. Incorporamos la leche a temperatura ambiente.
Ponemos a fuego medio 3-5 minutos, hasta que espese.
Retiramos del fuego y pasamos a un plato hondo, cubriéndolo a piel con film transparente y dejamos que enfríe por completo.
Batimos la mantequilla 5 minutos hasta que blanquee y se ponga esponjosa.
Agregamos poco a poco la mezcla de harina y seguimos batiendo. Añadimos la vainilla y batimos 8-10 minutos hasta conseguir la crema más esponjosa del mundo.
Receta del bizcocho y crema adaptadas del libro Fiesta de @bearoque (Tarta de vainilla y naranja y frosting cremoso de vainilla).