De vuelta de unas pequeñas vacaciones en la montaña, ya he recargado pilas y estoy lista de nuevo para ponerme el delantal y dejaros los platos que se preparen en mi cocina. Empiezo con esta sencilla tarta, que he preparado en varias ocasiones y con diferente grosor.
Desde que descubrí la calabaza en postres hace un par de años, he preparado unas cuantas tartas y bizcochos, la textura es húmeda algo diferente a la típica del bizcocho pero su sabor y cremosidad les encanta en casa.
Con esta cantidad me salió una tarta grande para postre de Domingo, que desapareció por momentos

Preparación:
Pelar la calabaza y cortarla para poner en la bandeja del horno y asar, hasta que quede tierna y un poco dorada.


En un bol chafar con un tenedor la calabaza hasta que quede una textura suave, agregar la leche, la ralladura de limón y la canela y remover todo bien.
Batir las claras a punto de nieve junto con el azúcar y agregar al bol con las yemas, el aceite, la esencia de vainilla, la harina tamizada con la levadura y un chorrito de coñac, mezclar todo bien que no queden grumos.
Precalentar el horno a 170 º.
Poner las pasas en un tazón cubiertas de ron.
Untar el molde con mantequilla o margarina, poner la mezcla e introducir en el horno, sólo calor abajo durante aproximadamente 1 hora, dependiendo del horno. Pinchar con un cuchillo para saber si ya esta, ha de salir limpio.


Sin casi sacar la tarta del horno apagado, colocar las pasas escurridas, y cerrar la puerta del mismo unos minutos con el calor residual.
Se puede poner todo tipo de frutos secos al gusto e incluso dentro de la masa.