Las tartas de queso son mi debilidad, para mí todas están buenas, sean de lo que sean. Esta tarta de queso y leche condensada es cremosa y suave, una combinación perfecta. Es muy fácil, solo es batir todos los ingredientes con la batidora, verter en el molde y hornear. En esta ocasión no le he puesto la base de galletas, pero eso es opcional, lo dejo un poco a vuestra elección. Acompañamos con la mermelada, en mi caso de nectarina, es la que había en casa.
Precalentamos el horno a 180ºC. calor arriba y abajo.
Forramos el molde con papel de horno. Para que se acople bien, mojamos un poco el papel con agua y retiramos el exceso. De esta manera se vuelve mas manejable y se adhiere al molde. El resultado de la crema es liquido y de esta manera si el molde no es muy hermético no pierde. Ponemos en un bol los huevos, la leche condensada, la nata, el queso crema, el mascarpone y trituramos hasta tener una mezcla homogénea.
Vertemos sobre el molde, antes lo paso por el colador por si ha quedado algún grumo.
Horneamos durante unos 45-50 minutos, comprobarás que el centro de la misma aún tiembla pero no pasa nada, cuando enfríe estará en su punto. Dejamos enfriar dentro del horno, manteniendo la puerta ligeramente abierta.
Sacamos y dejamos sobre una rejilla, una vez fría llevamos al frigorífico. Esta mejor de un día para otro.
Desmoldamos y decoramos al gusto, en mi caso con mermelada de nectarina. Que rica!!!