El 17 de marzo es San Patricio, patrón de Irlanda. El 19 de marzo, San José, el día del padre. Yo, que soy muy apañadica para estas cosas, y además intento estar a dieta a pesar del blog, y de lo mucho que me gusta comerme todo lo que cocino, he buscado la manera de aunar ambas celebraciones en una.
¿Resultado? He preparado la afamada Tarta Guinness para celebrar el día del padre.
En esta vida, he tenido mucha suerte. Porque tengo el mejor padre del mundo. Ya sé, ya sé, probablemente, en términos generales, cada cual piensa lo mismo de su padre. Mi padre es un buen padre. Nos ha cuidado siempre, a mi hermana, a mi madre y a mí misma hasta límites insospechados. Un "papá gallina" en toda regla. Que si la niña tose, que si la niña tiene pesadillas de noche, que si la niña está preocupada, que si la niña... La princesa está triste ¿qué tendrá la princesa?
Pero además, si por algo mi padre es maravilloso, es porque desde muy pequeña, ha conseguido que lo admire. Y creedme, yo no soy muy de ser fan de nadie, ni muy de admirar o profesar fervor hacia nadie. Pero mi padre lo ha conseguido. Un luchador, desde niño, ha peleado para ser lo que es, dejándose uñas y dientes en el proceso, sin escatimar ningún esfuerzo. Una persona capaz de dejarse la piel por defender injusticias, aunque ni siquiera le afectasen directamente a él. Responsable, serio en el trabajo, divertido fuera de él.
Mi padre es grande. No podría entender mi vida, ni lo que soy, sin él. Nos ha inculcado valores maravillosos. Honradez. Generosidad. Honestidad. Orgullo por el trabajo bien hecho. Y siempre, siempre ha estado ahí, para ayudar, sin ni siquiera tener que llamarlo.
Mi padre es mi héroe, al que adoro por encima de todas las cosas. Al que tengo devoción absoluta. Por eso, esta tarta Guinness, tan deliciosa es para él. Porque se la merece. La tarta y mi amor incondicional, el mismo que él me da cada día.
La tarta Guinness es un clásico bloguero, que reaparece año tras año por estas fechas. No tiene complicación prepararla y os digo que merece mucho la pena dejar nuestros prejuicios a un lado, porque es muy suave, jugosa y aterciopelada. Digo lo de los prejuicios, porque como su nombre indica, lleva cerveza Guinness entre sus ingredientes. Es la Guinness la que aporta la jugosidad y la que realza de manera sublime el sabor del chocolate.
Además la cobertura de queso que lleva por encima, emulando la espuma de la cerveza, es el complemento perfecto para esta tarta, así que nada de quitarla... Además me pareció a mí una tarta con una estética muy masculina y elegante, ideal para estas celebraciones que incluyan padres, abuelos y/o maridos o novios. ¿No os parece?
Y ahora, en tanto que horneáis esta delicia hipercalórica, corriendito a decirle a vuestros padres que los queréis, que los adoráis hasta el infinito, que son una parte fundamental de vuestra vida, de vuestra existencia y de vuestro ser... porque estoy segura de que, como el mío, son el mejor padre del mundo, vuestro héroe particular.