
Que nos perdonen los ortodoxos de la cocina. Que nos perdonen los muchos italianos afincados en España. Que nos perdone Italia entera por usar el nombre de tiramisú en vano. Hemos hecho un tiramisú de fresas, obviando algo tan fundamental en el clásico postre como es el café y el cacao en polvo. No hemos olvidado ni el queso mascarpone ni los bizcochos. Pero visto lo que ofrecen como tiramisú algunos restaurantes de menú económico, francamente hemos creído que podíamos mejorarlo o como mínimo hacer una interpretación y una presentación distintas. Nunca con el ánimo de prostituir este postre aunque, según se cuenta, el tiramisú nació hacia los años cincuenta del siglo pasado en los prostíbulos de la región del Véneto, unos establecimientos que incluso contaban con cocinero. Las dueñas de estos prostíbulos ofrecían a los clientes y a sus chicas un tentempié, un "ti tira su" en lengua véneta, para entretener la espera y para reponer fuerzas. Y de allí pasó a las cartas de los restaurantes de la mano del cocinero Alfredo Beltrane, del restaurante "Toula" de Treviso, que popularizó el postre.



