Cuando a uno le hablan de Italia (ese uno debe ser un goloso empedernido como yo) creo que una de las cosas que inevitablemente le vienen a la cabeza es el tiramisú, ese delicioso postre en el que se alternan capas de bizcocho empapado en café y licor con una deliciosa crema coronada con una ligera capa de cacao amargo. A pocas personas conozco a las que no les guste (aunque imagino que las habrá) y a pocas también que no lo preparen en casa. Yo solía hacerlo con una receta que incorporaba nata hasta que descubrí esta en el libro Escuela de Postres Larousse. Libro que, por cierto, me regaló una amiga muy especial; mi querida Mabel del blog A nadie amarga un dulce. Que sepas, querida Mabel, que este verano os he puesto falta a ti y a tu preciosa familia (especialmente a ese encantador minichef que estoy segura que ya poco tendrá de mini y que debe ser ya todo un chicarrón)...y que sepas también que el verano que viene tenemos que volver a achucharnos sí o sí. Espero que os guste.
Ingredientes:
500 gramos de queso mascarpone.
150 gramos de azúcar.
6 huevos.
300 gramos de bizcochos de soletilla o melindros.
1 buen vaso de café.
1 copa de vino dulce.
Cacao amargo en polvo.
Elaboración:
Mezclamos muy bien las yemas junto al azúcar hasta obtener una mezcla cremosa. Añadimos el queso mascarpone y seguimos batiendo.
Incorporamos a la mezcla anterior (ya de forma manual y con movimientos suaves) las claras que previamente habremos batido a punto de nieve firme.
Sobre una bandeja colocamos una capa de bizcochos empapados en la mezcla de café y licor y cubrimos con una primera capa de la crema.
Colocamos otra segunda capa de bizcochos y finalmente otra capa de crema. Espolvoreamos con cacao y dejamos reposar en la nevera, mejor de un día para otro.
Después de ese tiempo ya tenemos nuestro tiramisú listo para disfrutar de él.