
Sólo lo podían inventar unas monjas y sólo ellas podían darle ese nombre: "tocino de cielo". Lo de tocino no tenemos muy claro de dónde viene; pero lo de cielo está clarísimo. Este postre te transporta al Paraíso, directamente. El tocino de cielo es un dulce típicamente andaluz cuyas primeras noticias se remontan a 1324. A pesar de esta fecha y de ubicarlo geográficamente en Al-Andalus, curiosamente no es un postre árabe. Lo inventaron las monjas del Convento del Espíritu Santo de Jerez de la Frontera, zona de ricos caldos espiritosos. Los bodegueros usaban clara de huevo para clarificar los vinos, pero pronto se dieron cuenta que si sólo utilizan las claras les quedaban cantidades ingentes de yemas y, antes de tirarlas, prefirieron dárselas a las monjas. Ante aquel inesperado milagro de la multiplicación de las yemas, las monjas se las ingeniaron para darles salida haciendo pasteles y más pasteles hasta que una de ellas pensó usar sólo yemas, azúcar y agua para confeccionar aquel manjar de ángeles. También son famosos los tocinillos de cielo de Grado, en Asturias; y los de Villoldo, en Palencia, pueblo donde también han adquirido merecida fama los “amarguillos”, dulce típico del que algún día os tendremos que hablar.
PARA EL CARAMELO:
