Cuando le vi esta receta a Luis Olmedo de MY EUROPEAN CAKES me enamoré al instante y supe que sería el siguiente postre que iba a preparar por varias razones.
La almendra me encanta, aunque a decir verdad, qué es lo que no me encanta a mí, casi todo me va bien y si se trata de cosas dulces no digamos.
Es un postre sencillo que se prepara en un momento sin apenas ensuciar cacharros y eso se agradece porque lo que más pereza suele dar es recoger la cocina.
No lleva ni mantequilla, ni huevos, con lo cual, no es del todo perjudicial para las dietas y más ahora que ya mucha gente está inmersa de lleno en la llamada "operación bikini".


Es imposible resistirse a su aroma y su sabor, ni tan siquiera soy capaz de dejar que se enfríe, y es que que a los 10 minutos de meterla en el horno ya se me hace la boca agua con el olor a anís que desprende y hasta se me hacen largos los 25 minutos restantes de cocción.
Precalentamos el horno y engrasamos o forramos el molde con papel vegetal.
En un bol ponemos el aceite y la leche y removemos con unas varillas manuales hasta integrar.
Incorporamos el azúcar y el anís verde y continuamos removiendo.
Por último, añadimos harina y levadura tamizadas y removemos hasta integrar completamente.
Vertemos la mezcla en el molde y decoramos con las almendras.
Colocamos el molde en la parte baja del horno sobre la rejilla y horneamos durante 30-35 minutos.
A mitad de cocción abrimos el horno y espolvoreamos por encima con azúcar al gusto procurando tener la puerta el mínimo tiempo posible abierta para evitar que entre mucho aire frío que detenga la cocción.
Sacamos del horno, dejamos templar unos minutos, desmoldamos y dejamos que se enfríe por completo sobre una rejilla.