
En nuestro país encontramos una gran cantidad de vinagres reconocidos mundialmente. Aunque cada vez se estila más aliñar nuestros platos con vinagres puramente españoles, todavía es un gran desconocido, por lo que no se exporta como se merece. Si bien esta afirmación es del todo cierta, podemos, por otra parte, sentirnos orgullosos de contar con dos de las tres denominaciones de origen de vinagre de toda Europa: los vinagres de Jerez y de Huelva.

De color caoba con reflejos ambarinos e intensidad muy alta, su aroma es agresivo, pero con intensidad acética alta, con notas de vino añejo, cuyo sabor recuerda a la vainilla, los higos secos y las pasas. Excelente para ensaladas y otros platos contundentes.
"Este sistema proporciona el método ideal para que la bacteria acética perfeccione su trabajo en cada criadera que, a través de la tradicional" corrida de escalas", el que un día fue vino va a adquiriendo mayor grado de acidez y concentración de una forma progresiva", explica Agustí Torelló. El otro proceso de elaboración es el sistema de añadas, en el que el vinagre no se mezcla con ningún otro, permaneciendo siempre en un solo recipiente.

Esto da como resultado dos tipos de vinagres distintos en función de su proceso de elaboración. Por una parte, encontramos el vinagre de Jerez "Solera", que debe tener un período mínimo de envejecimiento de 6 meses y, por otra, el llamado vinagre de Jerez "Reserva", que precisa de un envejecimiento mínimo 2 años. Aunque, muchos de estos vinagres presentan un envejecimiento medio de 12 años.
Como consecuencia de su proceso artesanal, su reglamento prevé un contenido en alcohol residual de hasta un 3% en volumen un contenido mínimo de extracto seco de 1,3 gramos/litro por cada grado acético. De color caoba, tiene un grado acético de siete a nueve grados. Está perfectamente indicado para todo tipo de ensaladas y pescados.

Su proceso de elaboración es muy largo y constituye toda una tradición en Italia, "es tan importante que su producción pasa de abuelos a nietos", comenta Torelló. Es por esto que la crianza mínima es de unos 2 años, mientras que el viejo vinagre de Módena precisa un envejecimiento mínimo de, ni más ni menos, que 25 años.
Como consecuencia de la cantidad de imitaciones que han salido al mercado, pues aunque lo parezcan no todos son auténticos acetos de Módena, El Consorzio Aceto Balsamico di Módena, que regula los procesos de este preciado y dulce vinagre, ha establecido una serie de parámetros que autentificación su existencia, como, por ejemplo, que los mostos que se utilizan para realizar su proceso de elaboración deben proceder de uvas cultivadas en Emilia-Romagna. Los resultados, según Agustí, pasan por estrictos controles de calidad y análisis, y deben ser aprobados por el Servicio de Represión de Fraudes del Ministerio de las Políticas Agrícolas y Forestales Italiano.

Gustosos, suaves, dulces o extremadamente ácidos. En ensaladas, en platos magistrales y, por qué no, en postres atrevidos. El vinagre, un producto muy español, es uno de los condimentos más ricos de nuestra gastronomía, con importantes denominaciones de origen que vale la pena descubrir.