En esto de las transiciones, nada suele ser demasiado fácil. Incluso cuando hablamos de superficies y materiales. Es hora de olvidarse de la línea recta y abrirse a nuevas posibilidades en un suelo de transición. Hoy te cuento 3 formas de hacerlo que siguen, nunca mejor dicho, pisando muy fuerte.
Lo más fácil y más habitual a la hora de unir dos diferentes materiales en el suelo es juntarlos sin más; dónde acaba uno, empieza el otro. No quiero decir con esto que sea una mala idea, a mi me gusta en según qué espacios, pero sí es probablemente una de las soluciones que menos juego nos va a dar.
Encontramos suelos de transición especialmente en espacios abiertos, cocinas y baños. Son lugares dónde además de gustos estéticos, hay que tener en cuenta las diferentes necesidades prácticas: dar cohesión a un espacio amplio o utilizar un material resistente al agua o de fácil limpieza, por ejemplo.
Hay tantas soluciones para crear un suelo de transición como imaginación puedas tener. Yo he elegido las tres que más me gustan:
Suelo de Transición: 3 Ideas
1 Apuesta por lo Irregular
Utiliza elementos con ángulos o curvas, colócalos en diagonal o con forma circular. Puedes simular una alfombra con baldosas bordeando la pieza principal de la estancia.