Las casas pasivas son un tipo de edificación que está diseñado y creado con el objetivo de proporcionar el mayor confort interior, a la vez que emplean la menor cantidad de energía posible. Es decir, se trata de viviendas que aprovechan al máximo los recursos y favorecen tanto el ahorro como la convivencia interior, al ser más cómodas y saludables. Sin embargo, sus características se deben al diseño de los muros, las ventanas y las cubiertas, fuera de eso, el tamaño, el estilo, la distribución y la forma pueden ser de lo más variado, y la mejor prueba de ello son estos ejemplos:
1. Una vivienda de lo más especial y perfecta para los más pequeños, con una fachada de pizarra en la que pueden pintar sin problemas, grandes ventanales, y unos acabados modernos y minimalistas.
2. Para los gustos más tradicionales, podemos recurrir a los acabados en ladrillo, pero con la única condición de que las ventanas tienen que ser de grandes dimensiones en función de la orientación.
3. La siguiente vivienda es llamada Brandywine, y destaca por su intimidad y por el contacto con la naturaleza.
4. Esta vivienda es una rehabilitación de una casa de campo, cuyo interior está diseñado para ser autosuficiente desde un punto de vista energético. De hecho, no dispone de conexión a la red.
5. La vivienda Kénogami es tan eficiente, que para calentarse necesita la misma energía que un secador de pelo.
6. Por último, esta vivienda, del estudio Snohetta destaca por sus lujosos acabados y su estilo sofisticado y elegante.