
El suelo es uno de los componentes fundamentales de la decoración del hogar. La variedad de opciones disponibles es muy amplia: desde la madera hasta la cerámica, pasando por el gres y el corcho. Cada tipo de suelo crea un ambiente distinto en tu casa, por eso es muy importante elegir bien según tus necesidades, presupuesto y estilo de vida.

La cerámica es una de las opciones más habituales para vestir el hogar, gracias a su resistencia y bajo mantenimiento. Las baldosas cerámicas son fáciles de instalar y requieren un cuidado mínimo, lo que las convierte en la solución ideal para familias con mascotas o niños.
La elección del tipo de cerámica depende de dónde la instales. No es lo mismo colocar baldosas en el salón que en la cocina, ya que los cambios de temperatura, la humedad y el agua requieren materiales diferentes.
Para terrazas, patios y porches, los pavimentos cerámicos extrusionados son muy comunes. Este tipo de suelo aguanta heladas, lluvias, nieve y granizo gracias a su mayor grosor y resistencia. Suelen tener tonos marrones u ocres que crean un aspecto rústico y acogedor en espacios exteriores.

El gres está compuesto de una base cerámica de pasta roja o blanca sobre la que se aplica un diseño y esmalte que le da una apariencia distinguida y elegante. En el mercado encontrarás muchos diseños adaptados a todos los gustos, con precios que oscilan entre 7 y 30 euros por metro cuadrado.
El gres porcelánico es una variedad más moderna que no está compuesta de dos materiales (pasta y esmalte), sino de un único material natural o pulido. Esto lo hace más resistente a la abrasión y al rayado que el gres tradicional, con precios aproximados de 20 euros por metro cuadrado.






Este tipo de suelo es uno de los más frecuentes en las casas españolas por su calidez y belleza natural. Aunque es más caro que la cerámica y requiere cuidados frecuentes, la madera ofrece durabilidad excepcional y excelente capacidad aislante térmica y acústica.
El parquet es el suelo de madera por excelencia, formado por láminas que se pegan directamente al cemento con cola de carpintero. Su instalación es compleja: requiere que la casa esté vacía, se alise el pavimento, se peguen las tablillas y se barnize.
El fuerte olor del barniz hace que sea nocivo recién aplicado, por lo que debes pasar varios días fuera de la vivienda durante la instalación. Además, el parquet necesita cuidados especiales y frecuentes para mantener su aspecto.
Si el suelo recibe mucho tráfico, será necesario lijarlo y barnizarlo cada cinco años. En hogares con menor uso, un lijado cada ocho años puede ser suficiente.