Teníamos esta lata tan flamenca, marca Lola, de una melva riquísima que nosotras solemos consumir. Y ella nos dio la inspiración.
Pintura a la tiza en blanco roto por el exterior (tres manos, porque el material así lo exigía)...
... y en fresa boho por el interior. Para proteger, su correspondiente barniz.
Encargamos en nuestra cristalería favorita, que siempre nos saca de apuros, un espejo cortado a la medida de la circunferencia interior. Y adherimos al fondo de nuestra lata con silicona.

¡Listo! Nuestra gala favorita, Falbala, le da la espalda al espejo porque éste no tiene secretos para ella. 

