
Su unión es la máxima expresión del contraste, Blanco y negro son los eternos polos opuestos que se han atraído siempre. Su empleo en la decoración es un auténtico clásico, puesto que toda época ha hallado en ellos la mejor excusa para teñir sus diseños, ya fueran éstos recargados o infinitamente puros. El equilibrio entre la luz de uno y la oscuridad del otro ha sido resuelto con maestría por el interiorismo, ya que este juego bicolor ha sido recurso protagonista de muchos proyectos: su atractivo es imperecedero.
Reminiscencias contradictorias

Asimismo, corrobora el poder de seducción de esta dualidad reconociendo que por razones socioculturales hemos aprendido a identificar el blanco con la vida, la limpieza, la pureza, la sensibilidad, etc., y el negro con todo lo contrario: la oscuridad, la suciedad, la muerte, etc., añadiendo que adora jugar con estas sensaciones y conseguir romper con lo aprendido, logrando que el blanco sea misterioso y el negro, optimista.
El blanco es el resultado de la superposición de todos los colores, mientras que el negro es la ausencia total de luz, ya que la absorbe por completo. Estos aspectos, más físicos que decorativos, deben tenerse muy en cuenta puesto que, queriendo vaciar de penumbra un rincón sombrío, podemos chocar con el efecto multiplicador del blanco.

La clave está en la luz indirecta y cálida, según el especialista. Las pantallas negras opacas como, por ejemplo, las de piel de potro, nos permiten crear ambientes relajados y evitan deslumbrar.

Campuzano te da algunas ideas: hay una pieza que utilizo muchísimo en mis proyectos de salones: el sofá Chester de piel blanca. Otros elementos usuales son las lámparas de cristal negro o las alfombras de cebra. Pantallas de piel de potro, cojines de pelo blanco, alfombras de vacuno en damero blanco y negro, butacas de madera de wengué tapizadas en chinchilla blanca.... A la hora de poner la mesa en el salón, no dudes en sorprender a tus invitados con menaje en estos dos colores.

Respecto al dormitorio, Campuzano te anima a desterrar el imperio del roble: que si la gente se atreviese a lijar tarimas y parqués, puertas y ventanas, armarios empotrados y demás elementos de carpintería, y los lacaran, decaparan o tiñeran en blanco o en negro se quedarían sorprendidos de los resultados.

Agradecimientos a José Campuzano, interiorista.