

No son pocas veces las que hemos visto en este mismo blog preciosos salones decorados con unas cortinas y un sofá del mismo color. Es una opción habitual cuando se trabaja con textiles lisos. El resultado estético confiere al espacio uniformidad y sobriedad.

Se suele decir que las telas estampadas son difíciles de combinar. Esto no es del todo cierto: todo es combinable si damos con la tecla adecuada. Evidentemente, combinar en un mismo espacio unas cortinas y un sofá estampado podría recargar en exceso la habitación, aunque hay excepciones.


Cuando la combinación que hemos elegido para nuestro salón se nos resista, no nos parezca que ha quedado «floja», inconsistente o poco armoniosa, siempre podremos acudir al eficaz recurso de los cojines. Ellos nos aportarán coherencia y continuidad. Utilizando un símil culinario, son la salsa que nos ayudará a ligar los ingredientes del plato.
Una buena idea es usar la misma tela de las cortinas en los cojines que finalmente irán colocados sobre el sofá. En el caso de cortinas estampadas sobre un sofá de tela lisa, el resultado es muy elegante, aunque las posibilidades son mucho más amplias.
La misma función que desempeñan los cojines la pueden realizar las mantas, las alfombras y otros elementos pensados para aportar calidez y confort a nuestros salones.
En los apartados anteriores hemos perfilado ya algunas de las ideas que mejor resultado nos van a dar a la hora de combinar sofá y cortinas de forma correcta, logrando así la decoración perfecta para nuestro salón. Sin embargo, para que nada se nos escape y que la combinación elegida funcione bien, no está de más observar ciertas reglas y consejos que también sirven de guía a los grandes decoradores e interioristas:
Como en tantos otros aspectos de la vida, el equilibrio y la proporcionalidad son básicos para alcanzar el equilibrio y la armonía. Ante la duda, una buena solución es respetar la regla 60-30-10, aplicada comúnmente en el mundo de la decoración: el color principal debe copar cerca del 60% de toda la presencia cromática de nuestro salón; para el color secundario hay que reservar un 30% para un color secundario; por último, hay que dejar un 10% para un tercer color. Importante: solo hay que usar tres colores, a fin de no romper el equilibrio.
La duda más habitual es si hay que optar por colores neutros o llamativos. La decisión correcta es la que dicte el mobiliario y la atmósfera general del salón (color de las paredes, tipo de suelo, iluminación…). Si en nuestro salón predominan los tonos oscuros, hay que apostar por colores más alegres para sofá y cortinas, colores atrevidos con el azul, el verde o incluso el amarillo, capaces por sí solos de dar personalidad al salón.
Si algo bueno tienen los textiles es que podemos cambiarlos fácilmente: cortinas, fundas de sofás y de cojines… En muchas casas se alternan dos juegos diferentes de cada cosa para «vestir» el salón dependiendo de la época del año en la que se está: colores cálidos (amarillos, ocres, naranjas, rojos) para los meses de invierno y colores más fríos (verdes, morados, azules) para aportar frescor durante el verano.
Por último, si no queremos complicarnos demasiado eligiendo colores y buscando combinaciones, existe una solución sencilla que nunca falla: las cortinas blancas. Este recurso es tremendamente versátil, pues va a combinar sin conflictos con cualquier tipo de sofá, sea cual sea su forma, diseño, color o tamaño. Hay que señalar que la otra alternativa, la de usar el blanco para el sofá y combinarlo con cualquier clase de cortina, no tiene un efecto tan notable.