
La contaminación lumínica es un problema que cada vez está cobrando más importancia, ya que según van evolucionando las investigaciones al respecto, la alteración de los niveles de luz durante la noche tienen un efecto sobre las personas que puede ir mucho más allá que impedirnos ver el cielo estrellado.
A continuación, comentaremos algunas de las causas, consecuencias y posibles soluciones de este tipo de contaminación tan presente en los países más desarrollados.
Podemos definir la contaminación lumínica como la presencia de luz artificial que genera una degradación en el estado natural del entorno. Una definición alternativa solo considera como contaminante la luz cuyas características u horario de funcionamiento son innecesarias para realizar las actividades en la zona de instalación de las luces.
Teniendo en cuenta esta segunda definición, solo la iluminación ineficiente sería contaminante. Por otro lado, para la primera, casi cualquier fuente de luz contamina. Por este motivo, en el campo de la ingeniería se emplea la segunda definición, porque se trata de minimizar el impacto de la iluminación en el entorno.
Lo que resulta innegable es que la contaminación lumínica es un efecto colateral inherente a la propia civilización.
Lamentablemente, la contaminación lumínica en España es de las más altas de Europa. Solo superados por Italia, el gasto en iluminación se situaba ya en 2017 en más de 950 millones de euros. Por otro lado, Madrid se sitúa líder en el ranking de ciudades.
Evidentemente, la iluminación pública aporta múltiples beneficios derivados de su instalación como la prevención de accidentes, la disuasión de la actividad delictiva y, por qué no decirlo, bien utilizada embellece la ciudad.
Pero, ¿es realmente necesario que el gasto per cápita que se destina a ella sea doble que en otros países como Alemania? Todo parece indicar que no. Pero conseguir reducir la contaminación lumínica y lo que supone requiere voluntad por parte de todos los ciudadanos.
Tal y como revela un estudio de American Geophysical Union, la parte de la luz que se proyecta al cielo durante la noche destruye un tipo de óxido de nitrógeno, el radical nitrógeno.
Esta sustancia interviene en determinadas reacciones químicas que se dan en la atmosfera y contribuyen a eliminar lo que se conoce como Esmog (adaptación fonética del acrónimo inglés Smog, que viene de smoke -humo- y fog -niebla-) o niebla contaminante.
Ante un exceso de luz durante la noche se inhiben algunas funciones de la glándula pineal, como la secreción de melatonina, fundamentales para la regulación de los ritmos circadianos.
Además de los problemas para poder dormir, otros efectos sobre la salud son el dolor de cabeza, el estrés, la fatiga y la ansiedad.
Podemos centrarnos en tres aspectos fundamentales a la hora de diseñar los sistemas de iluminación de la más forma eficiente y ecológica posible.