No queríamos llevarnos todos estos cuadritos, tan sólo los de flores, pero el señor del mercadillo fue tajante, ¡o todos o ninguno! Pues a su casa vinieron en esa bolsa tan chic... 
Estos cuatro fueron a los que vimos posibilidades, porque las láminas estaban en muy buen estado y eran de lo más románticas, alegres y coloridas.
Teníamos claro que era fundamental sustituir ese dorado por un tono más apropiado. Y una vez más encontramos en el verde nuestro mejor aliado. 
Un pequeño gesto, pintar, consigue una gran transformación, ¿no creéis?

Cuatro pequeños y deliciosos cuadritos que llenarán de belleza y encanto vintage cualquier lugar donde se coloquen.


¡Feliz fin de semana! Y no hagáis nada que nosotras no haríamos...