
El costo de producción de electricidad, incluyendo el costo de los combustibles utilizados en la generación de energía, afecta el precio de la electricidad que se cobra a los consumidores.
La ley de la oferta y la demanda también juega un papel importante en el precio de la electricidad. Durante los períodos de alta demanda, el precio de la electricidad puede aumentar.

Muchos países aplican impuestos sobre la electricidad y tarifas reguladas para financiar programas gubernamentales o para cubrir costos reguladores. Estos costos se reflejan en el precio final de la electricidad.
La mix energético de un país también influye en el precio de la electricidad. Los países que dependen de las fuentes de energía más caras, como el gas natural o el petróleo, pueden tener precios más altos de electricidad que aquellos que dependen de fuentes más baratas, como la energía hidroeléctrica o la nuclear. Esto es, posiblemente, lo más desconcertante. Cada día se hace una subasta del precio, y si sube el precio del gas, por ejemplo, también sube el de la luz. Es decir, durante el día cada fuente de energía tiene un precio. Lógicamente va subiendo ese precio durante el día porque se van agotando recursos. Pues bien, el precio que nos cobran a los usuarios es el último precio, o sea, el más caro, a todo lo que se ha consumido, aunque fuera comprado en el momento de precio bajo. ¿Una estafa? Bueno, es lo más parecido, desde luego
La estructura del mercado eléctrico también puede afectar el precio de la electricidad. En los mercados regulados, los precios son establecidos por las autoridades reguladoras y son más estables, mientras que en los mercados libres, los precios pueden fluctuar debido a la oferta y la demanda.
En general, los precios de la electricidad en Europa varían según el país, pero en general son más altos que en otros continentes debido a la alta dependencia de los combustibles fósiles y a la presencia de impuestos y regulaciones.