
La decoración campestre es mucho más que un estilo: es una forma de vida que fusiona la naturaleza con el confort del hogar. Susana ha transformado su sueño en realidad en Quintanilla de Onésimo, Valladolid, creando una vivienda donde la piedra y la madera se funden con el paisaje natural. Su proyecto demuestra que es posible lograr un equilibrio perfecto entre la estética rústica y las comodidades modernas en una casa de campo.

La orientación de una casa rural es fundamental para aprovechar la luz natural y controlar la temperatura. En esta vivienda, la cocina se ubica junto a la entrada y el comedor, mientras que el salón recibe los rayos del sol al estar orientado al sur y al oeste.
Los dormitorios están distribuidos estratégicamente: dos de ellos captan la calidez matutina, pero el tercero se orienta al norte con una ventana adicional al sur para mantener una temperatura agradable.

La solidez de una casa rural depende de los materiales que utilices. Esta vivienda combina termoarcilla, entramado de madera con enlucido de cotegran y piedra caliza segoviana. Las puertas son de madera maciza y las ventanas de PVC tipo climalit, proporcionando aislamiento térmico efectivo.

El salón de doble altura con cubiertas inclinadas es uno de los detalles más singulares. Este espacio convive con un merendero, creando un ambiente versátil y acogedor. La chimenea, ubicada estratégicamente, proporciona calefacción al salón y comedor durante el invierno.
Un detalle práctico es la televisión colocada en un lugar estratégico que permite girarla hacia el comedor o la zona de tertulia según la ocasión.

La decoración del dormitorio principal juega con un cromatismo pastel delicado. La forja y la madera son protagonistas absolutos, acompañadas de tejidos livianos y estampados que crean una atmósfera romántica y acogedora.

La cocina campestre combina elementos clásicos con toques modernos. El azulejo blanco mate, las paredes de tono rosa suave y la grifería de bronce crean un ambiente lleno de romanticismo. El entramado de vigas de madera clara y los armarios de madera natural refuerzan el estilo rústico.
Además de contar con una alacena tradicional, esta estancia incluye un pequeño office para mayor funcionalidad.

Los baños siguen la línea de estilo predominante con delicadas cenefas rústicas de temática floral en espejos, paredes y lavabos. Uno de ellos juega con los textiles verdes, mientras que el otro incorpora el pistacho en las paredes.

Una vez atraviesas la puerta de entrada, percibes el gusto por lo entrañable y bucólico. Piezas rústicas tradicionales comparten escenario con accesorios de corte moderno, demostrando que la actualización del estilo campestre puede hacerse con sabiduría y elegancia.
Los alféizares de las ventanas se convierten en pequeños museos al aire libre, donde botelleros de cerámica, calabazas en miniatura y antigüedades como tocadiscos viejos crean rincones con personalidad y nostalgia.

Los exteriores de una casa campestre son tan importantes como el interior. El universo paisajístico dota de un aroma inconfundible y vistas que parecen sacadas de cuentos de hadas. Las plantas y flores embriagadoras transforman el espacio en un verdadero paraíso natural.



























El verano es menos agotador si cuentas con un lugar fresco a cubierto. Los porches con conjuntos de mesa y sillas ofrecen espacios perfectos para jugar a las cartas, conversar o simplemente disfrutar de la sensación de sosiego. En estas zonas, el tiempo parece detenerse.