Hoy os quiero hablar de un postre que me chifla y seguro lo conocéis: el turrón blando (o también conocido como turrón de Jijona).
Los primeros documentos que mencionan el turrón de Jijona tienen aproximadamente 500 años; según éstos, esta deliciosa confitura de origen árabe nació en el Mediterráneo, donde sus principales componentes: miel y almendras, se dan con gran abundancia y calidad.
Es un turrón blando, y aunque actualmente se le agregan otros ingredientes como chocolate, coco, frutas confitadas, café o licores, la versión original es la que resulta del amasado de miel y agregado de almendras peladas y tostadas; y realmente es el que me encanta, no sé a vosotr@s jeje.
Turrón con denominación de origen
El auténtico turrón de Jijona, el que merece la categoría Indicación Geográfica de Procedencia europea y la DE (Denominación Específica) española, debe haber sido elaborado obviamente en la región, con almendras de la variedad Marcona y, de acuerdo a la calidad, contener entre un 52% y un 64% de almendras en la masa y ser elaborado con métodos artesanales con la guía de un Maestro Turronero. Nutricionalmente hablando, es rico en grasas y azúcares y por lo tanto de elevadas calorías, es decir… ¡Una golosina ideal para las frías noches de invierno!
En la actualidad las personas con restricciones alimentarias pueden disfrutar un excelente turrón sin azúcar; sin embargo debes tener en cuenta que las leyendas “con fructosa” o “sin azúcar añadido” no significan que tenga menos calorías. Esta condición sí se cumple si los azúcares son reemplazados por edulcorantes. ¡Lee la etiqueta!
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Hacerlo es muy fácil: debes combinar medio litro de leche, 100 cc de nata, 100 gramos de azúcar y 150 gr. del auténtico turrón artesanal de Jijona. Corta el turrón en trocitos y mézclalo con la leche, el azúcar y la nata hasta obtener una pasta maleable. Déjalo macerar al menos cinco horas. Viértelo en un recipiente que pueda ir a la heladera, déjalo enfriar hasta que tome la consistencia necesaria… ¡y a comer!