El árbol está maravillosamente decorado, la mesa vestida con las mejores galas, el mantel de lino recién planchado, la vajilla, cubiertos, una cristalería exquisita.
La cocina huele a delicias recién horneadas preparadas para deleitar a nuestros invitados. Sólo falta aquello que transforma una preciosa velada en una noche mágica, la iluminación navideña. Enciendes, al fin, cada una de las velas que decoran todos los rincones de tu casa, que dibujan destellos y reflejos de luz y fuego, calidez y sofisticación para una mesa perfecta que transmite serenidad festiva.
Ese particular perfume a cerilla y cera quemada mezclada con el aroma de las galletas de jengibre que reposan en la cocina, pura esencia navideña. Enciendes el interruptor y el árbol deslumbra, con millones de pequeñas luciérnagas centelleantes y vibrantes.
Ahora sí! Todo está listo! Sólo faltan los invitados. Suena el timbre… ya llegan. La Navidad entra por nuestra puerta…



