En este caso, ha sido el desierto de Arizona, cerca de Tucson, el emplazamiento elegido para ubicar su pequeña creación para la contemplación de cactus, del desierto y del maravilloso cielo.





El emplazamiento se fijó gracias al enorme cactus que está justo al lado, por temas de escala, para que la pequeña instalación no fuese más protagonista que sus compañeros de alrededor, y para hacer reflexionar a los visitantes e invitarles a la meditación y el relax. Y siguiendo el esquema de las casitas del bosque y de sus otras instalaciones similares, el refugio está unos 4 pies por encima del nivel del suelo, gracias a una plataforma de madera, lo cual también facilita el aislamiento y la vista de los atardeceres.
A veces, la Arquitectura también nos ofrece pequeñas construccione como ésta, que reconcilian al ser humano con la Naturaleza y con sí mismo, y que a lo mejor, nos hace hasta reflexionar sobre cuánto necesitamos realmente para ser felices. Puede, que ver atardeceres y amanceres maravillosos, sea gran parte del placer de estar vivos.
***via Design Boom / fotografías de Jirí Príhoda