Llevaba varios años queriendo reformar mi estudio. En las fotos y gracias a photoshop se veía bien, pero la realidad era distinta. El papel de la pared estaba rosigado por Sobras, se había despegado por mucho sitios y lo peor, era un papel tramado y en muchas fotos se me colaba el efecto moire tan desagradable y difícil de borrar. El principal motivo por el que no me `ponía a hacerlo era básicamente la pereza. Pereza de llamar al pintor y tener la casa patas arriba varios días y pereza de ponerme yo misma a hacerlo. Al final un día me dio el arrebato, arranqué el papel y ya no tuve alternativa.

El trabajo ha sido laborioso, porque ya que se está en harina, una no se conforma solo con pintar las paredes. Al final también pinté la estantería y el armario de blanco y una mecedora que estaba amarillenta por el sol.

Al estar todo tan blanco me daba la sensación de ser una estancia muy fría, así que me animé a pintar una pared bicolor. En un principio iba a ser recta, pero descubrí una pared así en Pinterest y me encantó. Ahora mismo es mi rincón favorito.

Para esta reforma solo he comprado dos cosas, ésta planta tan bonita que veis aquí y una lámpara de fibras naturales para aportar más calidez a la estancia. Todo lo demás es reutilizado.



Como veis no se necesita gran cosa para cambiar un espacio. Un poco de pintura y un par de detalles nuevos y… ¡Tachán!
Ahora que estoy súper motivada y con el subidón he decidido seguir con el resto de la casa, pero eso lo dejamos para otro capitulo.