
La relación entre decoración y bienestar es más estrecha de lo que parece. Resulta que el diseño de tu hogar, la organización de espacios y hasta los colores que eliges pueden afectar directamente a tus hábitos alimentarios y tu nivel de actividad física. Si quieres controlar tu peso, presta atención a cómo está estructurada tu casa.
Tener televisores en casi todas las habitaciones favorece el sedentarismo y reduce tu gasto calórico diario. Una tele en el dormitorio, por ejemplo, puede hacer que tras cenar te tumbes sin hacer ejercicio mínimo.
La forma en que distribuyes los alimentos en tu cocina determina qué comes. Si los productos calóricos están a la vista, los comerás con más frecuencia. Lo ideal es guardar los alimentos ultraprocesados al fondo del armario y colocar opciones saludables en primer plano.
Las casas con temperaturas excesivamente altas favorecen el cansancio y hacen que tu organismo gaste menos energía. Mantener una temperatura moderada (entre 19 y 21 grados) ayuda a que tu cuerpo trabaje más.
Además de ahorrar en calefacción, bajar algunos grados estimula tu metabolismo de forma natural.
Pequeños detalles en el comedor sabotean tu alimentación sin que te des cuenta. Usar platos muy grandes o poner la fuente de comida directamente en la mesa hace que sirvas y comas más cantidad.
La falta de sueño es un factor determinante en el aumento de peso. Según estudios médicos, las personas que sufren insomnio ingieren aproximadamente 500 calorías más al día, lo que puede suponer medio kilo de aumento semanal.
Invierte en un buen colchón de calidad y crea un dormitorio que invite al descanso. Los tonos neutros y relajantes ayudan a dormir mejor y de forma más profunda.
No es casualidad: el azul es uno de los colores que naturalmente disminuyen el apetito. Si estás a dieta, pintar el comedor o la zona de la cocina con tonos azules puede ser una estrategia sencilla y efectiva.
Este color además está de moda en decoración y transmite calma y serenidad, lo que favorece comidas más pausadas y conscientes.