



El salón tiene una decoración mucho más romántica y sosegada. En él se mezcla la madera y los tonos beiges con el blanco para aprovechar la cantidad de luz que entra por los ventanales. Sin lugar a dudas, nada más entrar vemos que nos encontramos ante una casa familiar y llena de detalles donde su propietaria ha puesto mucho mimo en cada detalle.



En el dormitorio se abandona la gama de tostados y se apuesta por el gris. Aunque se continua con el estilo imperante en la casa y la calidez que aporta el cabecero de madera. Los textiles son suaves y la butaca cerca del ventanal queda genial. Es el broche de oro a una casa vivida y tremendamente acogedora.

