Mañana paro el reloj y vuelvo a Marruecos.
Quiero impregnarme de sus sabores, olores y colores. Te echaba de menos. Voy a caminar hacia donde me lleven los pies. Quiero perderme para encontrarme. Escuchar historias de otras vidas. Decir salam y shukran. Observar a los niños jugar. Allí, pocas veces lloran y pocos minutos en una plaza bastan para comprobar que la vida les ha espabilado mucho más que a ti. Quiero comer sola, sin prisa, disfrutando de los sabores y también acompañada y en otro idioma. Quiero probar allí de lo que no hay de aquí. Probar sin saber el qué para despertar a nuestro dormido paladar occidental. Comer en la terraza de un riad y también en fogones improvisados que viajan en un carromato.