Visita a los zocos de Marrakech (Marruecos)



De nuestro viaje a Marrakech de hace dos navidades aún tengo por

compartir con vosotros algunos post.

Hasta ahora os había mostrado el riad donde nos alojamos, los preciosos

jardines Majorelle y varios de los restaurantes más chic de la ciudad

marroquí (Le Jardin, La Famille, Nomad, Zwin Zwin Cafe)

Pero seguramente lo más auténtico de Marrakech sean sus zocos que, además


de las compras, nos transportan a un universo de olores, colores, sonidos,


sabores y experiencias difícil de trasmitir.

Desde las callejuelas que parten de la Plaza Jemaa El-Fna se accede a los

distintos zocos o mercados organizados por sectores de producción o artículos

de venta, aunque la palabra organización quizás no sea la más apropiada para

utilizar en el caso de un laberíntico mapa de calles donde todo parece fundirse

en uno.

Esto puede generar inicialmente algo de aturdimiento pero lo mejor es dejarse

llevar, perderse y disfrutar de los descubrimientos que el paseo nos depare.

También la actitud de los comerciantes puede llega a ser agobiante. Lo mejor es

mostrar una sonrisa y hacer como que no entendemos (o queremos entender),

ser corteses pero firmes, porque si no acabaremos molestos o comprando mil

cosas que no pensábamos adquirir.



Los mercados de alimentos de productos locales, cuyos usuarios son

fundamentalmente autóctonos, se encuentran por todos lados ofreciendo

frutas, verduras, dulces o encurtidos.

Dátiles, aceitunas o algún pastelillo pueden resultar una buena compra para

picotear entre comidas.



Las especias son otro producto típico que encontraremos en gran cantidad y

variedad. En la Plaza de las Especias hay muchas tiendas dedicadas a

estos artículos, aunque existen por toda la ciudad.



Pero la auténtica aventura comienza cuando nos adentramos en los estrechos

callejones flanqueados por mil y una tiendas, cubiertos de chapa o cañizo que

dejan pasar tenues rayos de sol regalándonos estampas francamente exóticas.



Si nuestra estancia es de varios días es aconsejable no comprar nada el primer

día, ni siquiera preguntar precios, sólo mirar y descubrir los artículos que ofrece

este grandísimo bazar.

De este modo nos iremos acostumbrando a ver la manera de compraventa,

con sus característicos regateos, y evitaremos decepciones si compramos algo

demasiado caro respecto a otros puestos o de peor calidad.

Javier y yo estuvimos una semana por lo que pudimos descubrir y redescubrir

los zocos tranquilamente. Fuimos apuntando en un plano las tiendas o zonas

donde se encontraban los artículos que más nos gustaron y, aunque luego no

resulta fácil encontrar algunas calles en las que ya se ha estado, apuntando

alguna característica o referencia es posible conseguirlo.



Yo tenía especial interés en encontrar el zoco de artesanos, agrupados por

gremios, que se encuentra al norte de la Plaza Jemaa El-Fna.

Está poco localizable entre los callejones con tiendas, normalmente en

pequeñas plazas o espacios con algo más de amplitud.

No es fácil encontrar algunos y preguntar no es la opción porque siempre

intentarán cobrarte algo por la información o por hacer de guía hasta el lugar.

Incluso si no preguntas pero te ven con planos y algo perdido se ofrecen,

amablemente pero con la intención de conseguir algún beneficio como que

compres en alguna tienda a la que te lleven y así ellos consiguen una comisión.



En las dos imágenes anteriores podéis ver el zoco de herreros donde se fabrican

las típicas lámparas marroquíes pero también muebles de plena tendencia.

¿Veis las réplicas del sillón mariposa (BKF) o de la silla y el sillón Diamond Bertoia?






El zoco de curtidores me pareció de lo más interesante aunque reconozco que

no está hecho para narices exquisitas.

Es frecuente encontrar en la calle trozos de piel tintada secándose al sol.



Aquí fabrican las babuchas o las botas de estilo boho que combinan cuero y

tejido marroquí.

En la siguiente fotografía unas botas esperando que les pongan las suelas.





Pero, sin duda, lo que más me gustó fue el zoco de tintoreros: maravillosas

lanas y tejidos coloreados, secándose al sol, iban apareciendo entre el vapor de

la cocción de los tintes, creando un ambiente mágico que en algunos momentos

me hicieron pensar en la India





















Tuvimos la oportunidad de entrar en un taller de tintura donde nos mostraron

cómo el color del tinte en polvo no siempre correspondía al color que luego

proporcionaba al tejido.

Y se empeñaron en ponerme un pañuelo como turbante al estilo tuareg ;-)



Otras compras características del mercado marroquí son las esencias y los

cosméticos.

Encontramos un "laboratorio" que creaba sus propias fórmulas curativas con

productos de origen orgánico.





Adquirimos una crema para pieles atópicas bastante maloliente por llevar

azufre pero realmente efectiva y, por supuesto, aceite de argán que extraían

ellos mismos con un pequeño molino de piedra como podéis ver en la

primera y la última fotografía del post.



En realidad, con la globalización, es fácil encontrar cualquier producto marroquí

sin visitar Marruecos pero, reconozcámoslo, adquirir un producto en su lugar de

origen siempre hace más ilusión y, si lo conseguimos muchísimo más barato,

ya ni lo dudamos. Con lo que nos ahorramos en una alfombra nos hacemos el

viaje ;-)

Además de trabajos en cuero, lámparas o muebles de metal, son muchos los

objetos fabricados en Marruecos con los que podemos dar un toque étnico a

nuestra decoración: alfombras, cestería, trabajos en madera, cerámica,

cristalería, tejidos...

Espero que os haya gustado este recorrido por los zocos de Marrakech y os

animéis a visitar esta exótica ciudad rosa. Yo he estado en dos ocasiones y

ya tengo ganas de volver.