Hace unos meses leí que quedan menos de diez vaquitas marinas en el planeta. Diez. No es una cifra dramática para encabezar un telediario, pero si lo piensas bien, significa que estamos asistiendo a la desaparición de una especie entera en tiempo real. Y no es la única que está en la cuerda floja.
Lo curioso es que muchas veces no nos damos cuenta de lo que perdemos hasta que ya no está. Desde tu sofá, puedes cambiar algunas cosas: consumir con cabeza, apoyar proyectos de conservación, informarte. Porque entender qué está pasado es el primer paso para frenar la rueda.
En las siguientes líneas encontrarás historias de especies al borde del abismo, animales icónicos que podrían no estar aquí en una década, y plantas que desaparecen silenciosamente. También descubrirás cómo el cambio climático acelera todo esto y qué se puede hacer desde donde estés.
Sin polinizadores, nuestro sistema alimentario se tambalea. Este artículo explora qué ocurriría con nuestros cultivos y ecosistemas si las abejas desaparecieran completamente.

Todo lo que necesitas saber sobre este pequeño cetáceo que lucha por su supervivencia en las aguas del Golfo de California.

Estas aves cumplen un papel ecológico fundamental, pero enfrentan amenazas silenciosas que nadie menciona. Aquí verás por qué su desaparición sería un desastre ambiental.

Un repaso por el vínculo directo entre calentamiento global y el colapso de poblaciones animales que no pueden adaptarse a ritmo de los cambios.

No hace falta ir al otro lado del mundo: aquí mismo, en nuestro país, tenemos lince ibérico, quebrantahuesos y plantas endémicas en la cuerda floja.

Te sorprenderá saber que hay proyectos de reintroducción de este mustélido que parecía perdido. Una historia de recuperación que aún es posible.

No solo de animales hablamos. Las plantas de café salvaje están al borde de la desaparición, y eso impacta directamente en lo que bebes cada mañana.

Una reflexión sobre cómo nuestras decisiones de consumo aceleran la desaparición de animales, y qué podemos hacer desde la cotidianidad.
La buena noticia es que aún estamos a tiempo. No para todas las especies, quizá, pero sí para evitar que la próxima década sea aún más silenciosa que la anterior. Depende de lo que hagamos ahora.