Nos ha pasado en alguna ocasión que, al hacer jabones por saponificación en frío y usando los moldes de plástico (cómo los típicos Milky Way), el jabón se queda súper agarrado y no hay manera de desmoldarlo. A veces poniendo un poco de agua caliente en la base conseguimos que salga, pero se quedan feos porque se funden un poco y después no se ven bien los detalles del dibujo.
Pues bien, después de ver los motivos por lo que esto ocurre, os vamos a contar ahora un truco para que esto no os suceda: añadir lactato de sodio.
¿Qué es el lactato de sodio?
El lactato de sodio es la sal sódica del ácido láctico, derivada de la fermentación de los azúcares que contienen el maíz y la remolacha, y como toda sal es un humectante natural. Se puede conseguir líquida o en polvo.
Se suele utilizar como conservante en alimentos (ya que evita el crecimiento de bacterias), en cosméticos para dotarlos de hidratación, conseguir una textura más cremosa o reducir su viscosidad (por exceso de glicerina), y en jabones como sustituto de la glicerina.
Al añadir sodio lactato al jabón se consigue, no sólo un desmoldado más fácil, si no una barra de jabón más dura y uniforme, que se corta con mucha más facilidad, evita la aparición de burbujas en su interior o deformaciones y hace que la pastilla dure en la ducha mucho más tiempo que otra elaborada sin lactato de sodio. En jabones elaborados por proceso en caliente, o refundidos, hace que el jabón se mantenga fluido por más tiempo y sea por lo tanto más fácil su manejo.
Dosis y utilización
En otras preparaciones, la dosis recomendada es del 1% al 3% del peso total de la receta.
Utilización en jabones: añadir al agua de la lejía una vez que haya bajado la temperatura a 54ºC o menos.
En cosméticos añadir en la fase acuosa.