Cruzamos el viaducto que pasa sobre le río Navia y llegamos a este pueblo de las montañas famoso en el pasado por su industria basada en el hierro y hoy por sus productos derivados de él como las famosas navajas de preciosos mangos labrados en madera, otra de las riquezas de la región.
La iglesia de San Martín se levanta, como un faro, guiándonos hasta el centro del pueblo, enorme que parece para un núcleo tan pequeño de casas. Fue levantada en 1714, aunque su aspecto actual se debe a varias reformas y remodelaciones que ha ido sufriendo a lo largo de los siglos.
Su alta y esbelta torre campanario no es la original del templo, ya que en 1952 una tormenta de rayos destruyó la existente y ésta tuvo que ser construida en la década de los 50 del siglo pasado. Se aprovechó para añadirle cuatro campanas, un reloj y la imagen de San Martín de Tours, patrono del templo.
El poblado surgió en el centro del valle, en el paso intermedio entre la ría de Eo, que era un importante puerto en época romana, la Terra Cha ( Lugo) y el sur de Asturias.
Lo que hoy podemos ver son los restos de las estancias y murallas que componían el castro, donde los arqueólogos han descubierto objetos y útiles de la época romana como un puñal con su funda, una fíbula y un candil, o la estructura de una terma.
La superficie que abarca en la actualidad supera los 1.000 m², aunque se piensa que pudo tener casi el doble de tamaño, quedando el resto de estructuras perdidas para siempre por las obras que se llevaron a cabo para construir la carretera que lleva a Mazonovo.
Casi todas las viviendas tenían forma circular, estaban hechas en pizarra de la zona y se articulaban alrededor de una calle central, que en época de la dominación de Roma estaban protegidas por una muralla y un foso de 5 metros de profundidad.
Una de las últimas estancias que se han descubierto es la llamada Casa del Druida, con una rampa de piedra que lleva a una bañera de pizarra donde los guerreros recibían su baño purificador de agua caliente y vapor. Este sagrado recinto celta, fue convertido en prostíbulo cuando las legiones romanas asesinaron a los hombres que habitaban el castro y violaron a sus mujeres.
Volvemos al pueblo para bajar en coche hasta otro punto muy interesante de la zona. Por el camino vimos este hórreo que anunciaba una sidrería.
A apenas un kilómetro por carretera se encuentra Mazanovo, el mayor museo de Molinos de España. Ya en sí el lugar en el que se encuentra enclavado rezuma belleza, a orillas de los ríos Cabreira y Turía.
Si atravesamos el canal que nutre de agua el museo, tendremos la oportunidad de observar algunas curiosidades, como un molino chino hecho totalmente en madera y que se mueve gracias a la fuerza humana, o uno brasileño, ya movido con la hidráulica.
Nos despedimos del lugar con esta maravillosa imagen de una antigua noria aún en funcionamiento.
No dejamos atrás las antiguas construcciones, ya que vamos a desplazarnos hasta Teixois, a unos 4 km de Taramundi.
Al igual que Mazonovo, constituye un valiosísimo conjunto que muestra orgulloso su arquitectura tradicional, que al igual que el anterior esconde ingenios que también basan su movimiento en la fuera del agua, como mazos, ruedas de afilar, una pequeña central eléctrica, un molino o un batán.
A pesar de su tamaño posee una espadaña que quizá algún día tuvo una campana ya perdida, y que preside un tejado de losas de pizarra y piedras. El interior puede observarse a través de unos barrotes de madera.
Desde mucho antes de llegar a la villa puede verse la inconfundible silueta de la torre de su iglesia, la de Santiago Apóstol, cuyas paredes se levantaron en el siglo XVI y a la que se añadió el vistoso campanario con cubierta de pizarra y aguja en el XIX.
El edificio perteneció a la familia de Don Pedro Bermúdez, que fundó el Hospital de Santiago para pobres y peregrinos tras el incendio de la villa. Hoy, llama la atención por sus paredes cubiertas de roja hiedra.
Pero es desde la Plaza del Ayuntamiento desde donde se tiene una preciosa perspectiva del paisaje natural donde se asienta la península, ya que de un vistazo y en marea baja disfrutaremos del espectáculo que forma la marisma de este recodo de la ría de Ribadeo o del Eo.