Colaboración, Silvia Vásquez.
Brillan los pétalos de una flor pesada al amanecer. Unas cuadras más al fondo, el río marrón acaricia las orillas de la ciudad de plata.
Se hamacan sobre las calles las flores rosadas de los palos borrachos. Los canteros del Rosedal anuncian brotes de jacarandaes.
Se perfila el rumor de voces cantando tangos antiguos.
Un par de zapatos de tacón camina por Florida para encontrarse con su pareja y deleitar a los turistas con una milonga.
Erguido a la sombra de los edificios de balcones grises, está él, echando su mirada por sobre los hombros de una ciudad convulsionada. Su imponente altura deja perplejas a miles de cámaras fotográficas de ojos rasgados.