Cada peregrino guarda un buen recuerdo sobre su primer Camino de Santiago como principiante; sin duda este inicio marca el devenir de sus viajes futuros por el resto de las Rutas Jacobeas.
Peregrina transitando por uno de los tramos jacobeos de Italia con destino Roma
Es la traducción al español del título del libro escrito por el alemán Hape Kerkeling, donde narra, en clave de humor, sus propias peripecias en el Camino Francés desde Saint Jean Pied de Port hasta Compostela.
Tengo que reconocer que aún no he leído todas sus memorias al completo, aunque muchos de sus compatriotas lo toman como libro de cabecera donde conocer por primera vez al Camino de Santiago.
¿Quién no se ha repetido alguna vez aquello de “no puedo más, hasta aquí hemos llegado” con cierta desafección?
Y entonces optas por hacer el Camino de Santiago para cambiar el rumbo de tu vida, como si la senda del Camino fluyera sobre una dimensión paralela a este mundo.
Santa María de Eunate donde la leyenda abre otra dimensión al Camino de Santiago
Apostaría a que no.
Siendo el Camino de Santiago una alegoría de la vida misma, ni vas a viajar a otra dimensión, ni las personas con quien te vas a encontrar pertenecen a un mundo distinto al tuyo.
Por lo tanto voy a apostar por un proceso de redescubrimiento de aquellas partes de tu vida que han permanecido oscurecidas durante demasiado tiempo.
Al fin y al cabo el Camino otorga a sus iniciados muchísimo tiempo de calidad para el reencuentro interior, sin la pesada carga de tu mochila anterior, ahora sólo repleta con lo indispensable para viajar de la forma más sencilla que has conocido nunca.
Mochila y bordón sobre el Camino de Santiago hacia Finisterre
Hace ya algunos años, llevaba yo un buen rato sentada contra la pared del albergue de peregrinos de San Román de Retorta en Lugo, cuando apareció un peregrino caminando a muy buen ritmo, aprovechando las últimas horas de luz del día.
Pensé para mis adentros, he aquí un peregrino que aprovecha con calma cada momento, cada detalle del Camino Primitivo hasta el último rayo de sol.
Cruce de caminos cerca de la Catedral de Oviedo

Paso del Camino de Santiago por el Gran San Bernardo en los Alpes
Naturaleza, ambiente inmejorable, gastronomía local y deporte saludable al mejor precio. Lo mejor del turismo activo al alcance de tu mano por un puñado de euros al día: Camino de Santiago, lugar de vacaciones.
Ven a los últimos 100 kilómetros del Camino Francés, y obtendrás gratis tu certificado oficial de peregrino sin fronteras.
¿No tienes amigos con los que ir? No importa, el Camino te los fabrica a tu medida. ¿Que tienes ya un grupo de amigos para salir? Mejor, así comienzas con todo el paquete de fábrica.
La multitud cubriendo prácticamente toda la Plaza del Obradoiro
Diría que no, si tu historia va de viajar como un peregrino.
Es precisamente durante la época estival, cuando la gran ola del turismo de masas se mueve descontroladamente por casi todas las rutas jacobeas.
Se trata de una invasión desbocada, irreductible, de gentío que transitan devastándolo todo. Convirtiéndolo, allá donde caen como una plaga bíblica, en un entorno muy diferente al que en su día fue.
Nada puede sobrevivir a miles de turistas descolgados de golpe sobre los últimos 100 kilómetros del Camino, se satura, se degrada, se hace intransitable. Pero esto trae negocio, y mucho. A ver quién es el guapo que se resiste a esto y no se apunta a la marca Camino de Santiago.
Muchas familias de Saint Jean Pied de Port en el Camino Francés viven de los peregrinos
Cualquier momento es bueno si buscas el escenario adecuado. Aléjate de Compostela en verano como hacía la pequeña Carol de la luz en la película Poltergeist.
El “Finisterre” francés en Bretaña, punto de inicio del Camino a 1958 kilómetros de Compostela
Por fortuna no existe un Camino de Santiago especialmente diseñado para un principiante. Todas las rutas jacobeas a Santiago son adecuadas para iniciar tu viaje.
De hecho, en la Edad Media, uno no decidía su punto de partida. Directamente se situaba bajo el dintel de la puerta de su casa. De allí a la tumba del apóstol andando, y con suerte, de vuelta nuevamente caminando por el mismo trazado.
Creo que una de las cosas que más me gustan del Camino de Santiago es, precisamente, su facilidad para hacerte sentir una principiante con cada viaje que inicias.
Soy la eterna aprendiz, no existen dos caminos iguales, el único sentimiento que permanece es esa avidez por descubrir mientras caminas hacia la puesta de sol en Finisterre.
Más que un principiante, quizá un aprendiz antes que maestro, eres un nómada viajando con un rumbo fijo sin ninguna prisa por alcanzar tu destino.
¡Buen camino!