Si, cuéntame tu tiempo de amapolas bajo el azul de aquellos días primaverales, dime si la mariposa quedó posada en ese corazón de espinas que no le queda razón alguna para seguir batiendo sus alas.
Dame el nombre de lo incierto y de todo aquello que quedó varado en el tumulto salvaje de unos besos por los caminos de la noche oscura.
¿Como llegar a ti pisando nubes?
¿Como calmar la sed que nos ahoga?
Aún tengo para ti una mirada desde los espejos, la razón del canto de las alocadas aves que son la brisa y el perfume que me dejaste acostumbrado a las caricias de los jazmines en la tarde.
Sí, dime, mientras yo callado observo como se ensombrecen mis arrugas recordando el fuego de tus labios, tu boca con torrentes de alhelíes y tus pezones de almendra y madreselva.
Cántame de nuevo los blues que me erizan la piel.
En esta soledad, el viento en las acacias, los folios del recuerdo y el lamento de que algo se está yendo para siempre.