Huele a verano y los viajeros más previsores ya están haciendo una planificación detallada de sus vacaciones. Los peregrinos no podemos quedarnos atrás dado que estamos en pleno Año Jacobeo, toca saber cómo planificar el Camino de Santiago con cierta anticipación sin perjuicio de la sensación de aventura.
Frente al océano Atlantico tras cruzar el cauce del río Miño
Pase lo que pase los viajes ofrecen una historia que contar.
Previo a cada verano, recuerdo a menudo la anterior frase –no sabría decirte a quién pertenece– cuando me surge la tesitura de elegir entre el Camino de Santiago por la costa o a través de ríos, valles, collados y por supuesto montañas.
Océano, río y montaña en un mismo entorno sobre el Camino Portugués de la Costa

Playa de Loredo en el Camino del Norte

Senda del Camino Francés cerca del monasterio de Samos
Los peregrinos más experimentados suelen comenzar sus viajes sin compañía, buscando la soledad a ratos o la conversación de algún compañero de viaje cuando el silencio pesa.
No obstante existen Caminos más bulliciosos que otros, más transitados que otros. A veces la cosa va por tramos: acuérdate de aquella tela de araña que forman los últimos 100 kilómetros de cada una de las rutas jacobeas que finalizan en el Obradoiro.
Puente de Furelos poco antes de entrar en Melide en los últimos 100 del Francés
¿Y si no puedes partir desde los lejanos picos pirenaicos? Pues existe una delgada lista de rutas menos expuestas al bullicio estival:
1. Tal y como he mencionado, el Camino de Invierno desde Ponferrada.
Tramo urbano del Camino de Invierno

Camino monacal al rodear el monte de Santa Tecla ya en Galicia
La única “táctica” del peregrino es la aventura del que se sabe nómada día tras día hasta llegar a Compostela.
Sólo hay un pero al anterior párrafo, nada despreciable además; estamos en Año Jacobeo y eso significa que no sólo hay un mayor número de peregrinos transitando por los caminos del Apóstol, sino que también proliferan todo el resto de perfiles de veraneantes mochileros.
¿Te imaginas llegar a un albergue el penúltimo, y encima no encontrar más que una larga lista de espera que nunca se va a limpiar?
Y es que no todo el mundo va a tomarse su tiempo en disfrutar del recorrido, al contrario, muchos de los supuestos peregrinos llegarán a la carrera ocupando el último jergón de la litera que da paso a los aseos.
Creo que este año no se me van a caer los anillos si reservo, con razonable antelación, en algún albergue privado cuando preveo que el recorrido me merece más tiempo de disfrute; algo que me suele ocurrir a menudo sin renunciar a llegar con la puesta de sol a punto de caramelo.
El descanso del peregrino es sagrado, primero como justa recompensa al esfuerzo realizado, segundo como mandato fisiológico y tercero porque mañana quiero más Camino en las mejores condiciones posibles.
Quizá el título de este post te invitaba a encontrar trucos y consejos para una planificación apropiada de tu Camino de Santiago. No te preocupes, también hay para ti en una serie de entradas anteriores donde he profundizado sobre estos temas:
Retorno a mi frase de comienzo de esta entrada:
Pase lo que pase los viajes ofrecen una historia que contar.
Entonces, ¿cómo voy a planificar yo mi próximo viaje al Camino?
Al ser Año Jacobeo, escojo una ruta muy poco transitada, quizá algo de mar con horizontes infinitos no venga nada mal tras otro año de encierros, y comenzar –eso sí sola– una nueva aventura sobre el Camino de Santiago.
Vistas a Portugal desde la desembocadura del río Miño