
Tokio, la capital de Japón —cuyo nombre significa literalmente "el origen del sol"— celebra la Navidad de una forma muy diferente a Occidente. Este archipiélago asiático, ubicado entre el mar del Japón y el océano Pacífico, tiene más de seis mil islas y una cultura fascinante que mezcla tradiciones antiguas con influencias modernas.
A pesar de que solo el 13% de la población es cristiana, la Navidad en Tokio se ha convertido en una festividad masiva llena de color, decoraciones espectaculares y celebraciones comerciales. Sin embargo, su forma de vivirla es radicalmente distinta a la de países occidentales.
La Nochebuena no es festivo oficial en Japón, así que la mayoría continúa su jornada laboral con normalidad. Los jóvenes suelen celebrarlo como una noche romántica en pareja, mientras que las familias con niños disfrutan de espectáculos, compras navideñas y atracciones visualmente impactantes.
El árbol de Navidad es obligatorio en cada hogar y debe colocarse el 14 de diciembre. Las familias lo decoran juntas y es costumbre intercambiar regalos en este día. Papá Noel tiene un equivalente en la deidad japonesa Hoteiosho, representado con ojos en la nuca para vigilar a los más pequeños.
Con la llegada de las épocas navideñas, el hogar cobra especial importancia. Se celebra el 'Sushu-harai', una limpieza profunda que significa literalmente "barrer el hollín". Este ritual se realiza en casas y templos con el propósito de expulsar la mala suerte y prepararse para el nuevo período que llega.

La noche de fin de año, llamada 'O-misoka', es una de las celebraciones más importantes. Se pasa en compañía familiar y es tradición comer 'toshi-koshi soba', unos fideos especiales que simbolizan longevidad y continuidad.
Las campanadas marcan la transición al año nuevo con un total de 108 golpes. Este número representa los 108 defectos del ser humano según la filosofía budista. Aunque antiguamente el calendario chino situaba el año nuevo en primavera, hoy coincide con la fecha occidental del 1 de enero.
El 2 de enero es imprescindible visitar los abarrotados templos de Tokio, especialmente el Palacio Imperial, donde el Emperador saluda personalmente a los congregados. Esta tradición atrae a miles de personas que quieren recibir bendiciones para el año que comienza.
La otra cara de estas festividades es la comercial. Los grandes almacenes se llenan de visitantes que compran decoración navideña, juguetes y todo tipo de objetos festivos. Las calles de Tokio se transforman en un espectáculo visual de luces y adornos que cautiva a locales y turistas.
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