Tan sólo 600 km separan la frontera española de la Provenza, una de las regiones más encantadoras del país vecino. Ciudades y pueblos pintorescos, una riqueza cultural inconmensurable e indescriptible, bellos paisajes inundados de lavanda, el mediterráneo bañando sus fabulosas costas, calas perdidas y ciudades con pasado, presente y futuro.
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Marsella, la capital de la región, la ciudad más antigua de Francia, bautizada con el nombre de Massalia por los griegos de Focea. Su patrimonio artístico, histórico y cultural se respira a cada paso y en cada rincón. Gracias a la conocida ciudad portuaria es posible realizar un viaje a través del tiempo; buena muestra de ello son los restos arqueológicos grecorromanos expuestos en el Port Antiue, el legado de la Edad Media como la Abadía de Saint-Víctor, o del Renacimiento, como el castillo de If, cárcel situada en un islote célebre en el mundo entero gracias a la novela de Alejandro Dumas, “El Conde deMontescristo”.
Del desarrollo urbano iniciado en el periodo clásico perviven los fuertes del Viejo Puerto (Saint-Nicolas y SaintJean), el ayuntamiento, obra de Pierre Puget y el hospicio de la Vieille Charité, obra maestra del arte barroco. En el siglo XIX se edificaron las primeras realizaciones urbanísticas del Barón Haussmann en Francia. Del mismo modo se construyeron la Catedral de Santa María la Mayor, la estación Saint-Charles y sus célebres escalinatas y su monumento más emblemático: la Basílica de Notre-Dame de la Garde, de estilo neobizantino; ésta se alza a 154 metros de altura, desde cuya cima la estatua dorada de la “Bonne Mère”, se alza majestuosa para velar sobre los marselleses. De su periodo de capital histórica de la Provenza, Aix-en-Provence ha conservado la noble belleza de su arquitectura. Su vocación cultural, su preocupación estética de cual es testimonio su excepcional patrimonio, sigue igual de viva hoy. Aix la contemporánea, encrucijada de influencias, tiene el privilegio de alimentar abundantemente los apetititos culturales de todos, y a la vez seguir siendo una ciudad de dimensión humana en cuyas calles pasear siempre es fuente de placer. Su gastronomía cargada de aromas, sus vinos de la tierra, las terrazas de sus cafés, los paseos por las calles comerciales, son todos ellos signos de un arte de vivir característico de Aix en Provenza.
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Por: Esther Algara
Fotografía: Atout France/ Robert Palomba, Emmanuel Valentin, FabriceMilochau, Michel Angot, A. Dupont, National Geographic .
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