Emprendemos la última etapa de nuestro viaje visitando La Guardia.
Estructurada y alimentada por el puerto pesquero, la pequeña villa posee un casco histórico compacto y muy interesante. Empecemos por su núcleo, la llamada Plaza del Reloj.
Este nombre es el que ostenta popularmente, ya que ha sido conocida como Plaza Mayor, de la República, de España y de la Constitución, según los vaivenes de la historia de Galicia y del país. En principio no era sino parte del foso de las murallas defensivas de la ciudad, que luego fue rellenado para ganar terrenos donde luego fueron edificadas las casas consistoriales y la casa de los Alonso.
Sin duda, su principal monumento es el que le da nombre, es decir, la torre que era baluarte defensivo de la muralla y al que se añadió un reloj acorde con los que vemos en cualquier plaza de gobierno en toda España. Si nos fijamos vemos dos escudos de armas, el del Obispo de Tui y el de la Villa.
Fue éste obispo, de nombre Diego de Torquemada que no debemos confundir con el Torquemada de la Inquisición, el responsable de la ampliación de la preciosa iglesia de Santa María. El templo, en su origen románico, posee una serie de hermosos retablos y guarda un crucificado que según la leyenda fue rescatado del mar tras ser arrojado al atlántico por los ingleses, tal y como ocurrió con la Virgen de Oia.
Un poco más abajo encontramos una escultura de Magin Picallo, el mismo escultor que creó el Encuentro entre dos mundos de Baiona. En este caso se trata del "Homenaje al marinero desaparecido", que representa a la mujer de un valiente marino en el momento en que recibe la noticia de la muerte de su marido.
Como en muchas villas y ciudades de Galicia y Asturias, se ha creado una serie de rutas que nos permiten recorrer la historia de los indianos tras su vuelta de América. Son casas grandes y ostentosas, que presumen del bolsillo lleno de aquellos que huyeron de la pobreza y regresaron con grandes fortunas y edificaron mansiones con las que presumir en la tierra que los vio nacer.
Aunque la villa posee notables ejemplos de ellas, la más llamativa es la llamada Casa Borinquen, en sus comienzos rodeada de frondosos jardines, hoy sustituidos por casas. Sus dos características fundamentales son los azulejos verdes y la torre, que se dice construida por su propietario para poder ver el mar.
Dejamos atrás La Guardia para acercarnos al Mirador del Miño, donde desemboca el río tras recorrer 315 km. La zona se ha convertido en un paraíso ornitológico, y su estuario nos permite disfrutar de los últimos metros que recorre el Miño antes de desembocar en el Océano Atlántico. Frente a nosotros, Portugal.
Nos recibe con lluvia, nada extraño en la zona, pero no perdemos la curiosidad por conocerla y nos encaminamos a su monumento más importante, la catedral de Santa María.
El fastuoso templo más parece una fortaleza a primera vista que una catedral.
Hasta llegar a la Capilla de la Misericordia, pequeño templo que se levantó en 1542, para que los indigentes tuvieran un digno lugar de sepultura y los necesitados pudieran encontrar auxilio espiritual y material.
Dejamos atrás la villa subiendo por sus empinadas callejuelas en busca de nuestro último destino, el mirador de Coto Fenteira.