La meditación no solo es una práctica espiritual o mística como mucha gente cree. Tampoco precisa largas horas, dejar la mente en blanco o un máster en la materia. La meditación es un ejercicio que mediante la respiración, permite canalizar las energías internas relajando y liberando, aquellas que pueden generar problemas psíquicos o físicos. Por lo que mi aporte de hoy, será una breve guía de cómo meditar en casa para que empieces a cuidarte como mereces. ¡El no saber, ya no es excusa!

Vivimos estresados y a todos los niveles. Es indiscutible.
La economía, la casa, los hijos, la rutina o una enfermedad, por poner algunos ejemplos, son factores que pueden desencadenar cambios de humor, sentimientos negativos, irritación o estrés, entre otras muchas causas.
Si no prestamos atención y trabajamos en ello, con el paso del tiempo, se agrava desencadenando síntomas físicos o incluso, enfermedades.
Muchas personas con ansiedad o depresión, sufren dolores de estómago, de cabeza y/o cuello, descomposición intestinal, estreñimiento o incluso dolores cuyo origen no se identifican.
Se trata de la somatización: aparición de síntomas físicos frecuentes y variados cuya aparición no está justificada por una causa física
Un ejercicio tan básico y simple como la meditación, puede ayudarte a liberar y controlar, todas las cargas emocionales que afectan a tu organismo.
Toda religión tiene actos relacionados con la meditación aunque aquí, solo voy a mencionar las budistas ya que son las que más énfasis hizo en la capacidad de focalizar como un proceso en sí mismo siendo conscientes.
Aunque podemos usar cualquier técnica como base ya que cada una posee su guía de iniciación, te recomiendo sin duda la Mindfulness, basada en la meditación científica.
Particularmente, practico tanto el Mindfulness como la técnica de meditación japonesa Zazen.
Más que un ejercicio de meditación, es una filosofía de vida.
La mejor forma de tener un buen estado de nivel emocional y físico, es tener la capacidad y actitud para controlar tu propio cuerpo en las diferentes situaciones que se te puedan presentar en tu día a día.
Mejor centrarse en la constancia, que no en la especialización. No empieces la casa por el tejado…
Una vez forme parte de tu rutina, plantéate avanzar más allá si así lo deseas.
Convertiremos la meditación en una necesidad vital
Una vez que controles esto, puedes probar otras técnicas hasta dar con la que mejor se adapte a ti.
La meditación comienza desde que empiezas a preparar el entorno, hasta que finalizas el ejercicio.
Si no sabes qué música elegir, te dejo éste vídeo para facilitarte la tarea (es el que uso yo)
La respiración es la parte maestra de la meditación.
Si no somos capaces de controlarlo, el ejercicio no servirá de nada, sea la técnica que sea.
El ritmo de la respiración varía en función de las actividades y sentimientos. Se acelera o se ralentiza.
Y con práctica, podemos aprender a controlarlo no solo en la meditación sino, en situaciones de estrés o episodios de ansiedad.
Puedes realizar el ejercicio de dos formas:
Lo bueno del mindfulness es que se utiliza la atención y foco sobre algo en concreto para ralentizar el ruido mental que nos provocan los pensamientos.
Es una técnica que emplearemos para facilitar el control mental. Una herramienta para manejar lo que comentamos anteriormente sobre los pensamientos y emociones que puedan surgir durante el ejercicio.
Nuestra mente es un mundo complejo y un tanto abstracto. Somos capaces de almacenar datos como un cualquier ordenador y nuestra mente los ordena mediante asociaciones.
Una sensación o pensamiento puede estar vinculado a sonidos, colores, olores, imágenes u objetos y con ello generar en emociones felices o tristes.
Si pensamos en algo que nos pone triste, podemos traer a la mente registros que nos aportan lo contrario. La teoría es fácil, la práctica es lo complicado.
A veces resulta complejo intentar controlar una mente que no deja de enviar mensajes nocivos
Las emociones no solo se dan en la mente sino que éstas, pueden ser manifestadas en forma de sensación física.
Cuando realices el ejercicio, debes almacenar esas sensaciones ya es una forma de identificar en qué momento tu mente juega contigo tratando de auto protegerse y desconectándose de ese estado. Y es que nuestra cabecita tiene la compleja habilidad de enmascarar cosas para que estas no nos afecten.
Es muy común en personas con estrés, ansiedad o depresión.
La mente nos obliga a reprimir y a esconder ciertas emociones para que no nos trastoquen más.
Pero esta situación solo genera tensión muscular, dolores de cabeza, problemas digestivos, alteraciones dermatológicas entre otros muchos síntomas.
Con la práctica, conseguirás identificar mediante tu cuerpo, que emociones son las que debes trabajar a conciencia.
Este ejercicio no sustituye a ninguna pauta médica profesional.
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