En el lejano Norte
Es difícil, cuando se llega a este punto del país noruego, distinguir entre lo que es tierra firme, parte del continente de lo que es una isla. Y es lo que ocurre con Honningsvag, que si no hemos hecho un previo estudio de un mapa quedaría en nuestra memoria como un pueblo adosado a la costa de Noruega.

Paseemos por las calles de Honningsvag, la ciudad de la bahía que descansa bajo la montaña de Hornungr, y disfrutemos de un lugar que lleva habitado por el hombre nada menos que 10.300 años.
Mirador de Knut Erik Jensen, arropado por las montañas.
Cuatro años antes de que el pueblo de Honningsvag fuera arrasado por los alemanes nació un niño con una sensibilidad muy especial en una casita en el centro del pueblo. Con el paso de los años Knut Erik Jensen se hizo adulto y se dedicó al cine, algo de lo más natural ya que se crió en uno de los más cinematográficos y espectaculares paisajes de Noruega. La fama no se hizo esperar y pronto fue conocido por películas tan personales y enternecedoras como Cool & Crazy o Stella Polaris ( que recomiendo ver encarecidamente ).
La fe mueve montañas
Está claro que al visitar el apacible pueblecito de Honningsvag no esperaríamos encontrar una gran catedral al estilo de Roma o Londres, ni siquiera una iglesia de piedra de medianas dimensiones, pero lo que no imaginábamos era la gran carga histórica que poseía la pequeña iglesia de madera en la que apenas caben 220 personas.
Sepan ustedes que nos encontramos ante el edificio más antiguo de toda la isla de Magerya y no sólo eso, sino que es el único superviviente de la Segunda Guerra Mundial. Permaneció indemne e ilesa mientras que el resto del pueblo fue reducido a cenizas por las tropas alemanas.
Los habitantes huyeron despavoridos ante la ferocidad y las ansias de destrucción de los soldados, y tan sólo después de que finalizara la contienda regresaron donde antes se levantaba la próspera ciudad pesquera.
Decididos a reconstruir de nuevo Honningsvag, unas 100 personas hicieron del templo su cuartel general, su casa, e incluso su panadería. Poco a poco, día a día fueron levantando de nuevo sus hogares
Dentro, podemos imaginar las duras condiciones en que tuvieron que vivir las personas que durante meses tuvieron el valor de devolver su pueblo a la vida. Un sencillo altar , un pequeño órgano, un sencillo púlpito y un barco que recuerda el carácter marinero de la zona fueron los únicos testigos de aquella demostración de valentía, fuerza y coraje.
Artico Bar, una experiencia que te dejará helado
Nada más y nada menos que catorce años lleva este peculiar bar de hielo abriendo sus puertas cada temporada para ofrecernos una experiencia sensorial única a los que por una u otra razón cruzamos el Círculo Polar Ártico y recabamos en la aislada Honningsvåg.
En nuestro caso, una escala de crucero nos llevó al lejano norte de Noruega, y mientras hacíamos tiempo para la excursión que nos acercaría hasta Nordkapp, nos dedicamos a recorrer la ciudad, dejando para el final la visita al Artic Bar como punto estrella indispensable de la jornada.Fuimos recibidos por la ajetreada y amabilísima Gloria, una zaragozana que hizo realidad su sueño de montar una empresa diferente y convertirse en una referencia en toda Europa.
Cada año una expedición de singulares arquitectos se dirige a los lagos a recoger los enormes bloques de hielo que serán el material con el que se construirá el bar de hielo de la temporada. El agua congelada se clasifica y se escoge siguiendo criterios de pureza, transparencia y sobre todo se busca la singularidad, aquellos bloques que por su contenido en burbujas puedan aportar un "plus" a la originalidad de la construcción.