Desde su nacimiento, la vida se encargó de escupir a Arthur Fleck, Joker, de cada lugar que pisó. No ha sido feliz un solo día y pese a ello, intenta poner su mejor sonrisa.
Más que ser un payaso, o un intento de comediante, su verdadero trabajo es no desmoronarse ante una sociedad que lo rechaza desde antes de existir.

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Penny Fleck, su madre, fue una marginada social, Arthur, un hombre maduro que en ratos parece tan inocente como un niño, lo es y en el hipotético caso de que tuviera descendencia, sus hijos también lo serían.
La película Joker es muy clara en algo: perdedor una vez, perdedor para siempre. No solo tú, también quienes te precedan.
“Los que hemos hecho algo de nuestras vidas siempre miraremos a los que no y no veremos más que payasos”, dice Thomas Wayne (Brett Cullen) un odioso millonario que hace 30 años dio trabajo a Penny y que ahora no siente más que asco por ella y su hijo, que al igual que ella, está rota.

