Rodada en una ecoaldea real, a mil metros de altura y con un equipo compuesto mayoritariamente por mujeres, el ochenta por ciento de la energía usada en esta película "renovable" ha sido solar, demostrando que hay un modo alternativo tanto de hacer cine como de vivir. Sólo por este hecho ya merece reconocimiento, pero su directora va más allá contándonos la historia de huida y búsqueda personal de su protagonista, que sirve para adentrarnos en los dramas internos de quiénes la rodean mientras descubrimos una forma de vida desconectada del innecesario ruido de la caótica sociedad de consumo actual.