primero fui a por mis palabras los no puedo, no voy, no soy lo suficientemente buena. las puse en fila y les pegué un tiro después fui a por mis pensamientos invisibles y omnipresentes no había tiempo para juntarlos uno por uno tenía que lavarlos me quité un pañuelo de lino del pelo lo remojé en un cuenco con menta y agua de limón lo llevé en la boca mientras trepaba por mi trenza hasta la nuca de rodillas empecé a limpiarme la mente me llevó veintiún días me salieron moratones en la rodillas pero no me importó no me dieron aire para que mis pulmones se asfixiaran me rascaría la autodestrucción del hueso hasta que el amor saliera a la luz